A la 3a no va la vencida
Otra vez he suspendido el examen práctico de conducir. Ha sido muy frustrante, principalmente porque pensaba que lo había hecho todo genial (todo menos una parte de una incorporación, pero no era grave), y luego me dijeron todos que fatal. No me he deprimido esta vez, por eso, pero sí me he frustrado, hasta el punto de tener que dejar de pensar en ello. Lo que me frustra es que esto es más difícil para mí que cualquier otra cosa parecida que he hecho antes. No puedo simplemente ver mis fallos, como en un examen escrito, o que me los expliquen y cómo solucionarlo: es que no conduzco bien. Parece que sea un don que a mí no me han dado. Por mucho que conduzca, cada vez lo hago peor, creo, y lo peor de todo es que no veo mis propios errores.
La metáfora en la vida es obvia, la solución, sin embargo, no. ¿Qué pasa cuando no ves tus propios errores? ¿Cómo puedes conseguir humillarte en el sentido de reconocer lo que haces mal e irlo arreglando? Tengo la voluntad, creo, tanto en la conducción como en la vida, pero estoy ciego, totalmente ciego.

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