Escuchar a Dios
Yo creo que Dios habla, de hecho, que nunca deja de hablar. El Dios de la Biblia, cuyo hijo es Jesús y cuyo mensajero a nosotros es el Espíritu Santo. Lo más seguro es que nos hable a través de este espíritu...pero dejemos esa cuestión a los teólogos y cree conmigo que realmente habla a los que escuchan.
Ayer compartí entre un pequeño grupo de amigos cristianos algunas cosas que encontré en el segundo libro de San Pedro. Hablaba de la necesidad de mantener un espíritu sobrio, auto-control para estar preparado a orar en todo momento (escuchar y hablar con Dios), estar en actitud de amor y hospitalidad, para usar bien los dones, estar listo para dar explicaciones de la esperanza que hay en nosotros, y para que el sufrimiento que padezcamos sea para bien. Me autoexaminé un poco después de compartir y me di cuenta que mi vida de oración había disminuido mucho últimamente. Había perdido esa "sobriedad" de espíritu enredado en mil y una otras cosas, borracho de quehaceres. (Además había leído el artículo de Jazz en www.oracion24-7.com llamado "Menos Marta, más María"). Entonces me propuse pasar 10 minutos cada mañana escuchando a Dios, sin un plan, ni mis propias ideas puestas en su boca, sino realmente calmando el espíritu y la mente (casi como hacer yoga) y ver qué me decía.
Esta mañana fue mi primer intento, mientras me tomaba el café. Hacía mucho que no me sentaba sólo a escuchar a Dios y tardé más de lo habitual en callarme a mí mismo (mis pensamientos y tal). Pero finalmente sentí que Dios se acercaba. No es explicable, supongo que te lo tendrás que creer o no. Lo curioso fue que cuando me empezó a hablar, me dí cuenta que ya había comenzado muchas de las cosas que me decía de hacer. En el último mes, por la presión, las circunstancias y unos sentimientos muy fuertes que no entendía, había dejado unas cosas, comenzado otras, y resuelto a hacer unas terceras: había reajustado mis prioridades.
Hoy me dí cuenta que, básicamente, todo ello había estado ya en la voluntad de Dios (a la cual hace años me sometí). Dios ya me estaba hablando: exhortándome a hacer ciertas cosas, poniéndome en situaciones que me permitieran ver mejor, poniendo consejos en la boca de otros, etc. Dios, al igual que el humano, que está hecho en su imagen, no sólo habla con las palabras. Son importantes los minutos de silencio, y creo que es esencial para la vida de un seguidor de Jesús que aparte momentos quietos al día para escuchar esa parte. Sin embargo, este Dios no se calla, y no nos dejará callarle. Siempre encontrará una manera de hacerse oír, incluso si tiene que usar las piedras (o Hollywood como decía la pastora Tita Bremen). Al final, me alegro mucho, porque si dependiera de nosotros oírlo, haría tiempo que las palabras de Nietzsche se habrían hecho ciertas. Gracias a Dios, literalmente, que él es antes que nuestra existencia, su muerte es imposible por tanto a nuestros finitos ojos y en nuestro finito tiempo.

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