Sexo
No hablamos bien del sexo, es un hecho. Las frases pre-concebidas de “mucho, por favor” y “¡una pasada!” y este tipo de cosas suelen tiranizar las conversaciones y queda poco sitio para una sinceridad profunda. Leía esta mañana en la revista del periódico “The Observer” algunos comentarios de sus nuevos escritores de la columna del sexo. A momentos asentaba con comentarios, estando totalmente de acuerdo, pero en otros me horrorizaba de las barbaridades que decían y, peor aún, recomendaban.
He de admitir que soy un poco anticuado, siempre pondré preferencia en la ponderada sabiduría antigua antes que esta sabiduría de revistas baratas 2x1 que nos ofrecen ahora. Por esto, cuando me dicen que ser infiel es algo a lo que deberíamos aspirar, siempre mostraré un gran desacuerdo. Yo no soy un animal, lo siento, soy un humano con emociones, y creo en eso que llamamos amor, y creo que eso viene antes, y es más importante, que el placer del sexo, por muy increíble que sea. Marion McBride, la mujer escritora, soltó algo parecido: “Yo quiero que la gente hable del sexo en su relación – no puedes quitar al sexo del contexto de una relación; sería como poner un motor en un coche que no tiene embrague o caja de marchas” (un ejemplo muy cercano a mí ahora). Y me gustan en parte las palabras del gran flipado de Sebastián Horsley: “Debemos estar buscando un ideal. Cuando amamos realmente no deberíamos pedir que nos lo reciproquen. Yo no te doy un regalo esperando que me des uno a mí también.” Aunque debo decir que es un idealista un poco abstracto: el amor sexual, que yo sepa, debe ser una cosa de dos (de hecho creo que hay leyes contra lo contrario).
Lo que me da rabia no son estos comentarios, o consejos un poco prefabricados para escandalizar o sacar una sonrisa, sino algunos de los comentarios de los famosos que acompañaban estas palabras. Uno decía que él había perdido la virginidad por la presión de los amigos: hasta los 16 iba diciendo por ahí que no era virgen aunque lo era, así que se metió en la cama con una tía, su comentario: “increíble – ¿cómo no? – aún me acuerdo de ello como si fuera el primer día.” Y luego siguió para animar a los jóvenes a caer bajo la misma presión, y que estaba en contra de la fidelidad. Mi respuesta: “tío, si tú tienes un trauma (aún te acuerdas como si fuera el primer día) porque tuviste que plegarte ante la presión de amigos adolescentes, no fastidies a los demás jóvenes haciéndoles pasar por lo mismo.”
Estoy un poco cansado de esta glorificación de un placer físico. Debe ser asombroso, todo lo que quieras, pero sigo creyéndome a los maestros antiguos, y a la gente que me parece más feliz (no los actores y famosos, gracias) que dicen que sin amor, no es nada. Mi compañero de piso me dijo ayer, “la gente te dirá que prefiere el sexo que comer, pero imagina que tuvieran sexo todos los días y sólo comiesen una vez a la semana o menos, les molaría mucho más comer”…
Podría escribir párrafos y párrafos más, pero optaré por dejarlo aquí con un último comentario. Yo prefiero reservarme, esperar hasta que encontrar la persona con quien fundirme en amor, y que el sexo sea un mero desenlace de eso, o menos: parte de un desenlace que se completa en una vida juntos. Ese es mi ideal. El mismo que habla del ideal también dijo: “Para hacerte más espiritual, tienes que tomar más riesgos, salir por ahí.” No sé lo que quiere decir con “salir por ahí” pero sí quiero hacerme más espiritual, y tomaré el riesgo de no hacerle caso ni a él (que recomiendo orgías) ni al mensaje de la contaminación visual que me oprime. Tomaré el riesgo de esperar y apostar por sólo una persona y una vida completa con ella.

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