Lo siento por todos aquellos que prefieren leer un blog estructurado, repasado y con un sentido pensado con anterioridad. Me desgasta eso, este blog es para dar lugar a mi verborrea y expresar las cosas como me salgan. Ya hay otros espacios y momentos para otras cosas, es que no tengo la energía para pensar aquí, sólo quiero escribir y que salga lo que hay dentro.
Ahora mismo lo que hay dentro es la sensación de que el mundo es un diamante: lo ralla todo.
Me ralla el corazón y el alma y el ser y lo físico. Y me cuesta levantarme. A veces pienso que quizás no me quiero levantar. A veces estar rallado es como después de que te hagan una falta en la segunda parte de un partido de fútbol. No estás lesionado ni extremadamente dolido, pero ya estás cansado, y te han hecho algo que no debían, y la hierba es cómoda, y es que no te quieres levantar, estás bien allí. Como cuando caes esquiando ya por el final, se está bien en el suelo; te duele todo el cuerpo y aunque te gusta esquiar, o jugar a fútbol, o lo que sea, en ese momento quieres quedarte allí tirado y que te atiendan, y que se pause el mundo y puedas recuperarte, o descansar.
Quiero que se pare el mundo en muchos momentos. Que el tiempo simplemente se detenga, que la gente deje de existir un ratito. Quiero pararme, evaluar, pensar en soluciones, comenzar de zero, rellenarme la energía como en algunos juegos de peleas que te va subiendo mientras no te peguen golpes. Pero es que aquí los golpes nunca dejan de llegar, el diamante del mundo nunca se desgasta. A veces encuentras una manera de sustituir la piedra de alguna parte de tu ser con otra más dura, pero es que, como llevo repitiendo, el mundo es un diamante y no te deja de rallar, nada lo puede parar, como el tiempo.
No hay soluciones, y el pesimismo tampoco da resultados. Hay que seguir, curarse algunas ralladas y otras, posiblemente, se queden allí para toda la vida. Pero hay que levantarse, como en el fútbol, y marcar otro gol, aunque te cueste la vida. Quizás te lesiones, y te alegres en parte porque ya no tienes que jugar más (porque estás cansado), pero a los 10 minutos ya te arrepientes. A los 20 minutos te duele más y a la semana estás sin caminar y ya no rallado, sino que deprimido.
No quiero querer rallarme, quiero querer estar bien, pero es que se está tan bien en el suelo...